17/12/13

Las tardes al sol y las noches a la sombra de los portales. 
Los besos que nos jugamos a todo o nada

Se me acaban las excusas, los chistes fáciles, las frases hechas. 
Y se me acaban los motivos para seguir esperando las tuyas, al otro lado del teléfono

Los "hoy me toca a mí escribir" dejaron de tener sentido hace semanas, 
cuando me di cuenta de sólo uno de los dos cumplía con su parte

Las noches de maldormir por trasnochar mano a mano, los días de madrugar sin haber pegado ojo 
en que tus buenos días me quitaban las ojeras mejor que cualquier maquillaje

Las tardes al sol y las noches a la sombra de los portales, 

y los domingos, aún algo borrachos, viendo amanecer

Los lunes llenos de recuerdos, salpicados de culpa, 

y de promesas que rompimos una y otra vez

Los besos robados a las despedidas

Una historia sin fotos, una sucesión de fotogramas inconexos. 

Una historia sin principio ni final, que ni es historia

La suma de aquellos momentos, las miradas fugaces, 

todo lo que fuimos sin llegar a ser nada
Desde aquí,
desde la perspectiva horizontal de mi cama,
veo todas nuestras distancias

Las veo tan pequeñas
que hasta parecen salvables...
Acoso mental


(Esto es, no dejar de pensar en alguien)
Pasarse la noche mirando al techo

No es insomnio, no
Es miedo a dormir
a volver a soñar
a sentir

Miedo a despertarse y recordarlo todo
- ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? 
Ella rompió a reír. 
Él se sintió un superhéroe. 

"El día que se alineen los astros.." dijo él. 
Ella no lo pensó.
Se hizo astronauta, fue al espacio, y comenzó a mover planetas 

Me gustas misterioso 
Porque nunca sé en qué piensas 

Me mata la intriga 
Porque nunca sé qué sientes 
O si sientes, siquiera 

Prefería los finales abiertos,
para dejar volar la imaginación.
Y dejé mi puerta abierta
por si volvías.

Pero pensándolo mejor,
mejor será que corra el aire
y se lleve tu recuerdo.

Mejor cerrar esa puerta,
ahora que llega el frío.

Mejor dejar de reescribir finales.
Y empezar a soñar comienzos.
Rebatir por sistema 
Escribir con segundas 
Esta vez, sin terceros
Una guitarra como arma de seducción masiva
Punto. Y final y plan B 
Que un clavo saca otro clavo 
Y si no, con el martillo.

Pasar página 
Cerrar el libro 
Y después echarlo al fuego


O punto. Y seguido y coma. 
Y mil finales abiertos 
Historias en paralelo 
Historias que van y vienen 
Y vuelven 
Y ¿son? 
Fueron
Tu beso fugaz en mi mejilla y aquel adiós que sonaba a algo más que a despedida...
Despareces 
Y ya no te busco 
Reapareces 
Y entonces me encuentro 

#microcuento
Y que ya no sé 
Si quiero que me mires 
O que me olvides 
O si quiero olvidarte ya 
Y por qué no puedo dejar de mirarte 

Les sobraba cama 
y les faltaba espacio

Y en calor de su abrazo 
sólo sentían más frío 

Convirtieron el "adiós" en "hasta mañana"
y el "mañana" en "luego"

Luego, fueron incapaces de separarse
Y cuando dejaron de ser 
Pasaban las noches en vela 
Imaginando 

#microcuento
Son buenas noches 
si llegan y me acuerdo de ti 

Y si tú te adelantas 
y me escribes primero 
son aún mejores 

#microcuento
Que me quites el frío pero no el sueño
Le dijo que había llegado en mal momento. Que quizá antes, o después quizá.

Olvidó que fue él quien fue a buscarla, olvidó que ella no le esperaba.

Olvidó que ambos se dejaron llevar y se olvidó de ella. Olvidó decirle que le olvidase.

Y ella esperó que volviese a buscarla, y olvidó olvidarle.
Noche sí, noche no 
se daban las buenas noches 

Noche sí, noche también 
ella le echaba de menos 

Noche sí, noche no 
él, quién sabe 

El nombre de su perfume, 
una incógnita entre las mil dudas que quedaron tras aquella historia que nunca fue.

Las sonrisas al verle y las miradas furtivas, 

los únicos supervivientes tras el beso que nunca se dieron.
"Te doy media noche" 
Él sonrió, y la medianoche se hizo alba. 

Y ella sin saber cómo 
se encontró viendo amanecer en su sonrisa.

#microcuento
"Como si se pudieran reciclar los suspiros, o dar un mismo beso por segunda vez"
"No tentemos a la suerte. 
Ni a la muerte. 
Ni a verte, 
que también rima con desastre"

- Carmen Cermeño -
Querer cometer el mismo error 
una y otra vez, 
con nocturnidad y alevosía, 
es, al fin y al cabo, 
caer en la rutina.

Bendita rutina 
del querer y no poder, 
de desear y huir, 
de rozarse y luego correr...
Despertarse sin haber dormido 
Resulta confuso y a la vez curioso que note así tu ausencia, ahora, todavía, que ni me acostumbro a tu presencia.
"El pasado y el futuro son dos ladrones que nos roban el presente". A. Bertoli
"Todo lo que sucede una vez puede que no suceda nunca más, pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera"

Y aquí estoy yo, esperando esa tercera vez, y preguntándome si detrás de esa vendrán más.
Esconderme tan mal que no tengas más remedio que encontrarme, aunque no me busques
Que estar dando un beso sea lo único que, por un instante, oculte una sonrisa

3/12/13

Le observo sin fijarme demasiado en los detalles: metro ochenta y mucho, pelo castaño claro, vaqueros, zapatillas, cazadora oscura, cascos en el cuello. 
Me pregunta si cojo mucho el tranvía. Le digo que no, que sólo para ir a trabajar los días de lluvia. 
Sonríe. Tiene una sonrisa bastante bonita, y un hoyuelo. 
Ambos preferimos andar. Pero odiamos los charcos. 
Quedan 2 minutos.


20:27 de la tarde. Una tarde de Mayo que podría pasar por un anochecer de Febrero. 
Es un poco deprimente; las nubes grises, el viento frío, y la lluvia resultan más propias del otoño que de la primavera. Pero qué le vamos a hacer, esto es Vitoria.

Espero al tranvía, me quedan 9 largos minutos sentada en el frío metal del banco de la parada. Le observo sin fijarme demasiado en los detalles: metro ochenta y mucho, pelo castaño claro, vaqueros, zapatillas, cazadora oscura, cascos en el cuello. Mirando a la máquina como quién ve un documental en japonés sin subtitular. Sonrío para mí, y sigo mirando al frente, veo pasar a la gente, y el tiempo pasa también. Quedan 6 minutos.

Se rinde por fin, me mira, coge aire, y me pregunta cómo van las líneas. "Es que no lo suelo coger y me lío" dice suspirando. Sonrío, esta vez hacia afuera, y le resumo el asunto utilizando un concepto primario, simple y efectivo: los colores. "Rojo, vas al centro. Verde, vas a Ibaiondo. Blanco, vienes hacia aquí." Se le ilumina tanto la cara que no puedo evitar reírme otra vez, esa expresión es algo realmente digno de ver. Quedan 4 minutos.

Se sienta a mi lado, dejando un par de metros. Me pregunta si cojo mucho el tranvía. Le digo que no, que sólo para ir a trabajar los días de lluvia. Sonríe. Tiene una sonrisa bastante bonita, y un hoyuelo. Ambos preferimos andar. Pero odiamos los charcos. Quedan 2 minutos.

Se ríe. Le miro, y me pregunto qué le hará tanta gracia. Él me mira y responde a la pregunta que no he llegado a hacerle. "Ya se ha llenado la parada de señoras situadas estratégicamente para pillar las puertas y coger sitio las primeras. Así que no faltará mucho para que venga el tranvía". Sonrío a mi vez. Tiene razón. Queda menos de un minuto.

Subimos juntos. Él se sienta, yo me quedo de pie, a su lado, y seguimos hablando. Me pregunta cuántos años tengo. Yo le echo veintitantos. Tiene los ojos claros, pero no demasiado. Azules, o verdes, o grises, según va cambiando la luz. Y la mirada directa, casi intimidante. Me intriga. Le pregunto dónde vive y al escuchar su respuesta me pregunto qué se le habrá perdido tan lejos de casa. Él va hasta el final de la línea. Yo viajo sólo tres paradas. Una vez más responde a mis pensamientos. "Vengo de casa de la madre de mis hijos".

La foto que me enseña, con un gesto entre orgulloso y culpable, retrata a dos diablillos de seis y cuatro años que miran sonrientes al móvil de papá. Dice que son lo mejor que tiene, y que de no ser por ellos a saber dónde estaría. Parece a la vez tan fuerte y tan desvalido, mientras me cuenta su vida allí sentado, que decido saltarme mi parada. Ya me bajaré. Escucharle bien merece andar diez minutos más para volver a casa.

Vive solo. Bueno, comparte piso con otras personas, pero su forma de decirlo no deja lugar a dudas; aunque vive acompañado, está solo. Tengo que bajarme. Jamás había sentido una necesidad tan imperiosa de quedarme con alguien. No es sólo curiosidad. Es algo más. Suspiro. Pero me bajo.

Le deseo suerte, y escucho su "¡cuídate!" antes de que las puertas del tranvía se cierren a mis espaldas. Me giro. Me despido de esos ojos, de esa mirada, de esa sonrisa y de su hoyuelo. Y me pregunto cómo dos desconocidos pueden haberse dicho tanto en tan poco rato. Pero él ya no está para responder a mis pensamientos.

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