18/1/14

Que estoy cansada de hacer equilibrios
sobre la espada de doble filo que son tus besos.
De noches bailando al ritmo de tus miradas,
al son de mis latidos, que se aceleran si andas cerca.

De roces fugaces. Intensos, sí, pero breves.
Dolorosamente breves.

De hoy sí y mañana quién sabe.

De ver las estrellas cada vez que volvemos a caer,
y de estrellarme al día siguiente con la culpa
que me mira, acusadora, desde el espejo.

De esta incertidumbre que me roba el sueño.

De la tortura de saber, incluso antes de empezar a perder el norte algunas madrugadas salpicadas de alcohol, que no podía ser.  Pero es. Una y otra vez. Saber que cada vez vino con la etiqueta de "última".  Y castigarme con la esperanza de que haya una próxima.  Y no saber qué creer. Qué esperar. O si querer.   Esa es la cuestión.   Empezar a ser. O a no ser.

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